Corrientes

Esteros del Iberá

Nueve puertas para el mismo humedal. La que elegís es el viaje.

Un bote navegando por un canal angosto que atraviesa el pastizal inundado hasta el horizonte
Imagen cedida por el establecimiento. Crédito: Puerto Valle - Hotel de Esteros.

La primera vez que uno mira el Iberá en un mapa comete el mismo error: lo lee como se lee un parque. Una entrada, un centro de visitantes, un circuito. Y no. Son un millón trescientas mil hectáreas de agua quieta en el medio de Corrientes, sin ruta que lo cruce y sin pueblo adentro. Tiene nueve puertas repartidas por el borde, separadas por horas de tierra entre una y otra, y ninguna lleva a las demás. Elegís una y ese es tu Iberá.

Suena a limitación y es al revés: es lo único que explica por qué el lugar sigue siendo lo que es. Cuatro de esas puertas son del Parque Nacional y las demás del provincial, distinción que en la práctica no cambia el día: casi todo lo que se hace arriba de una lancha pasa en aguas de la provincia, y por eso siempre va un guía correntino en el bote.

Cuándo ir

De mayo a septiembre, y si se puede elegir, julio o agosto. Llueve todo el año, mil cuatrocientos milímetros repartidos sin una estación seca de verdad, pero esos dos meses son los que aflojan. Días de veintipico, noches de nueve grados y casi nada de mosquitos. Traé abrigo igual: con viento del sur la noche pega.

Marzo y abril son los peores, y no por la lluvia en sí sino por lo que le hace a los caminos de tierra. Cuando un acceso se corta no hay plan B y el viaje se queda a mitad de camino. El verano tampoco lo recomiendo: pasa de treinta grados con humedad de humedal, y los propios operadores dejan de hacer salidas de día completo por eso.

No vengas persiguiendo temporada de fauna, porque no la hay. Los carpinchos, los yacarés y los ciervos de los pantanos viven ahí y no se van a ningún lado. Lo que cambia no es el mes, es la hora: se sale temprano o cuando cae el sol. Al mediodía no hay nada que ver salvo agua brillando.

De adentro

Elegí un lado. Los dos en el mismo viaje se pagan con un día entero arriba del auto.

A Pellegrini no vayas con auto bajo, y con lluvia reciente no vayas con nada.

Por dónde entrar

  • Cambyretá, desde Ituzaingó La puerta más amable de las nueve, y la que queda a mano si volás a Posadas: son ochenta y cinco kilómetros de asfalto hasta Ituzaingó, se sale de la Ruta 12 quince kilómetros antes y quedan veintinueve de ripio bueno, de los que se hacen con cualquier auto de alquiler. Es también la única donde parte del recorrido se hace manejando en vez de caminando. Antes de agarrar ese ripio, tenerlo claro: no hay señal, no hay almacén, no hay nafta.
  • Carambola, desde Concepción del Yaguareté Corá El paseo lo manejan las familias del lugar y se hace en canoa tirada por un caballo, metiéndose por adentro del estero. No es una escenificación para el visitante: es como se movía la gente ahí antes de que existiera la palabra ecoturismo. De noche ese cielo está certificado como uno de los mejores del país para observación astronómica. Desde la capital correntina son ciento noventa kilómetros, los últimos veintisiete de tierra.
  • San Nicolás, desde San Miguel La más silenciosa, y por decisión: es la única donde no entran motores. Se navega a botador, parado en la canoa, empujando con una caña larga contra el fondo. El precio de esa exclusividad son veintisiete kilómetros de arena que se anegan con cualquier lluvia seria, así que 4x4 y una llamada antes de salir. Esa incomodidad es la razón por la que vas a estar solo.
  • Laguna Iberá, en Colonia Pellegrini La puerta famosa, y con razón: es el único punto del humedal con infraestructura de verdad. Lodges buenos, lanchas, kayak, cabalgatas, guías con años encima y las salidas nocturnas, que sólo se hacen viernes, sábados, domingos y feriados. Si vas por eso, armá el calendario alrededor de ese dato. Llegar cuesta: desde Mercedes son ciento veinte kilómetros y el tramo largo del final es ripio. Pellegrini es un pueblo de arena de doscientos y pico de habitantes, sin cajero.
  • De un extremo al otro, el error que se paga caro Mirando el mapa la tentación es obvia: entrar por el norte, salir por el sur, ver las dos caras. En el papel son ciento setenta y seis kilómetros de Ituzaingó a Pellegrini por adentro. Ciento treinta y siete de esos son de ripio con huella de camión maderero y piedra suelta que corta gomas, sin señal en todo el trayecto. Se hace en cuatro horas y media largas si el camino está seco. Si llovió, no se hace. La alternativa es salir del humedal, bajar hasta Mercedes y volver a entrar: cuatrocientos y pico de kilómetros para tapar ciento setenta y seis.

Ficha

Superficie1.300.000 hectáreas
AccesosNueve portales, cuatro del Parque Nacional
Lluvia anual1.396 mm, sin estación seca
Mejor ventanaJulio y agosto
Peor ventanaMarzo y abril, por corte de caminos
Norte a sur por dentro176 km, 137 de ripio
AeropuertosPosadas y Corrientes
Posadas a Ituzaingó85 km de asfalto
Mercedes a Colonia Pellegrini120 km
Salidas nocturnasViernes, sábados, domingos y feriados